Sánchez, Garzón, Iglesias: tres líderes, ¿Una única estrategia?

Acaparan portadas, titulares de periódicos y abren los informativos. Son los nuevos líderes de izquierdas; la nueva remesa de políticos que en apenas un mes ha emergido y ha conseguido, ayudado por las circunstancias, a poner en entredicho el statu quo  consensuado durante la época de la Transición.

¿Casualidad? ¿Estrategia? Me inclino por la segunda; todo me lleva a pensar que este punto de inflexión en la política española viene perfectamente orquestada por los tres grandes poderes de este país: el poder mediático, político y económico.

Entre la moderación, la evolución y la revolución

Un poder mediático que aupó en primer lugar a Pablo Iglesias; sus periódicas apariciones televisivas con un discurso coherente, sensible con las clases medias y bajas y un mensaje esperanzador ayudaron al líder de Podemos a obtener unos resultados electorales espectaculares para una formación recién nacida. Ha sido ese mismo poder, sin embargo, quien ha hecho del héroe villano posicionándolo como un revolucionario bolivariano y radical; un referente para todos aquellos votantes que todavía idolatran al Che y comulgan con los planteamientos más extremistas de la izquierda.

Pedro Sánchez; Doctor en Economía y Empresa. Diputado socialista. Aspirante a liderar el naufragado barco del viejo PSOE. Joven,, serio y seguro. 42 años. A diferencia de Iglesias, los medios lo posicionan en la moderación, en el cambio tranquilo y en la unidad de España. A tenor de los resultados en la recogida de avales de las primarias, no desagrada a los “barones” socialistas, y, por lo tanto, todo indica que gozará del aval de estos para una hipotética candidatura a la presidencia del gobierno. Pedro Sánchez se torna como el garante y salvaguarda del votante socialista “de toda la vida”.

Para terminar, Alberto Garzón; el último del triunvirato. Su libro “La Tercera República” se publicó justamente durante la semana en la que abdicó el monarca; el joven Diputado de Izquierda Unida ha sido nombrado por su Ejecutiva para liderar la renovación del partido. En estas circunstancias, Garzón se erige como la alternativa para todo aquel votante de izquierdas que se niega a seguir con más de lo mismo (Pedro Sánchez) pero que tampoco desea una revolución chavista.

Como se puede observar, tres líderes perfectamente complementarios que abarcan todo ese arco de la izquierda que hoy en día se encuentra a falta de referentes claros. Tres líderes cuya unión y sinergia postelectoral puede hacer mucho daño al Partido Popular;  un PP, mayoritaria y bien capitaneada, con un discurso unificado y coherente, que hoy asiste expectante a la nueva era; una nueva era que le exigirá reposicionarse si no quiere quedarse atrás ante los desafíos que la sociedad está exigiendo: nueva Constitución, nuevo modelo de estado, referéndum y solución a los problemas territoriales. Y por cierto, todo lo dicho anteriormente, no sirve de nada en Euskadi y Catalunya…

Por estos lares se juega otra liga. Lo dejamos para otra ocasión.

 

 

2 Comentarios

  • Xabi dice:

    Ojalá se cumplieran tus previsiones y surgiera un programa alternativo al del PP o al del PSOE -que es parecido pero con más dosis de buenismo en este último-. No soy tan optimista. La principal coincidencia de las tres formaciones que señalas es su oposición al PP, pero sin programa alternativo alguno. Es una oposición cuasi sindical, lo que no impide que aglutine muchísimo apoyo popular. Pero para hacer daño de verdad al PP tendrían que concurrir unidos, para no verse castigados por el sistema D’Hont como sucedería si se presentan separados, y esa opción no digo que sea imposible pero sí difícil.

    En primer lugar por la dificultad de que llegaran a coincidir los tres en un programa común.. si es que llegaran a desearlo siquiera. Conviene recordar que la última vez que PSOE e IU se presentaron al electorado con un programa común -bajo el liderazgo de Joaquín Almunia- sufrieron un espectacular varapalo que le obligó a dimitir a este. En segundo lugar, porque el peso de los personalismos supone un lastre considerable. Creo que era el año 1979 cuando dos formaciones maoístas -PTE y ORT- acordaron fusionarse. Llegaron a manifestar que «con esta fusión van a temblar las paredes del Pentágono» (sic). Se pusieron de acuerdo en todo (incluso en perseverar en semejante despropósito de ideología) pero cuando llegaron al meollo de la fusión, es decir, en quién iba a ser el Secretario General, si Eladio García Castro o José Sanromá que eran los líderes de cada formación, se fue todo al traste.

    Y como tercera objeción, si ya es difícil que cada partido de izquierdas, de forma autónoma, elabore un proyecto de izquierdas con su modelo de estado, con su política fiscal y de redistribución de la renta, con su análisis de la situación internacional, con propuestas de educación, sanidad, derechos humanos, política territorial, etc. etc. cosa de la que creo que carece cualquiera de los tres, no quiero pensar en las dificultades de elaborar un proyecto en común.

    La caída del muro de Berlín fue el exponente del fracaso del socialismo real, un derrumbe que dejó al descubierto la agonía ideológica que atravesaba una parte de la izquierda. Por su parte, la socialdemocracia concentró su modelo en la creación del Estado del Bienestar, pero cuando este ha entrado en crisis por la economía, no ha sido capaz de proponer un nuevo modelo y ha sido la derecha la llamada a poner orden en las cuentas de los Estados. La izquierda europea se debate en una situación de orfandad ideológica y eso supone un lastre añadido a su capacidad de elaborar y proponer programas de futuro en cada país. La ausencia de modelo es como el folio en blanco del escritor: es muy difícil crearlo. Infinitamente más que criticar a la derecha, que puede dar resultados pero que tiene el vuelo muy corto. Hace casi 100 años que Antonio Gramsci proponía que los sindicatos -los sindicatos, sí- tenían que tener una alternativa a la capacidad organizativa del empresario. ¡Qué no pensaría de los partidos políticos!

    Disculpa la digresión y saludos cordiales.

    • Itziar García dice:

      Muchas gracias por tu comentario, Xabi

      Tras leer detenidamente tus reflexiones, creo que las discrepancias entre lo que tú planteas y lo que yo comento no son tales; y es que mi tesis no se basa en la «reagrupación» de las tres formaciones en una; ni en un sólo programa, ni en un sólo partido. Lo que he querido transmitir es que cada uno de los líderes tiene un perfil diferente; un perfil que puede atraer a un tipo de votante concreto; pero siempre dentro de ese marco ideológico de la izquierda; o de lo que se dice llamar «izquierda». Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y Alberto Garzón pueden ser referentes para públicos/votantes potenciales distintos que pueden sumar más votos que el Partido Popular en ciertos municipios, provincias incluso a nivel estatal.

      Otra cosa muy diferente y en la que prefiero no entrar es en el programa/proyecto que deberían diseñar, desarrollar e implantar para ser una verdadera alternativa al partido del Gobierno. No entro porque no tengo los conocimientos suficientes para ello; aunque sí coincido contigo en que la izquierda necesita una reflexión profunda para poder conectar de nuevo con su electorado; o, al menos, comunicar a la sociedad y a la opinión pública cuál es su modelo, su proyecto de país.

      Me da la sensación de que actualmente la izquierda, al menos en España, ha pasado de no tener líderes o referentes, a tener tres; tres referentes, pero sin programa, sin proyecto. La comunicación y el marketing pueden ayudar a un mal producto a corto plazo; pero lo que realmente hace falta es el producto; léase, el proyecto; y este es, en principio y a mi juicio, «etéreo» o al menos, poco concreto.

      Muchas gracias de nuevo por tu reflexión

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