LA OPORTUNIDAD DE UNIÓ ANTE EL “INDEPENDENCE DAY”

 

UNIÓ

Vuelvo a releer la sinopsis de la película sobre la que escribí hace tres semanas; aquella en la que el President Mas, Junqueras, la CUP y las asociaciones independentistas de Cataluña estaban dispuestas a estrenar el próximo 27 de septiembre; una película bélica, de trincheras; una película de buenos y malos; o malos y buenos. Como deseen. Entre estos dos bandos, había una serie de actores secundarios, pero no por eso menos importantes. Uno de ellos era Unió Democrática de Catalunya, que el pasado 14 de junio sometió a la militancia a una consulta interna para reorientar su futuro, su papel en la trama.

Tras una pregunta un tanto ambigua y difícil de entender, la militancia apostó por romper con aquellos socios, aliados y compañeros de viaje con los que habían compartido guión durante 37 años. CiU se rompía. A pesar de varias bajas, (De Gispert, entre otros pesos pesados del partido), incluso divisiones en el propio bando unionista – se constituyó la plataforma denominada “HereusUDC1931”- Unió decidió continuar su andadura en solitario, con Duran i Lleida a la cabeza, aventurándose a escribir su propio relato: “sin poner límites a las aspiraciones soberanistas”, dentro del “catalanismo integrador”, “democrático”, con el “diálogo” como base, manteniéndose “dentro de Europa” y excluyendo la declaración unilateral de independencia de su hoja de ruta. No faltaron críticas, tampoco voces que auguraban (y siguen augurando) la disolución de la formación democristiana.

Mientras tanto, los espectadores seguíamos un tanto desconcertados y perdidos a las propuestas de las formaciones independentistas – “listas del President” o “con el President”, listas sin políticos, listas de unidad popular… Pero de repente, el CEO (Centre d´Estudis d´Opinió de la Generalitat) arrojó un jarro de agua fría a las formaciones que apostaban por el género bélico: el 60% de los catalanes advertían que irían a las urnas y votarían en base a criterios relacionados con la crisis económica, no en clave “plebiscitaria”; además, entre sus preocupaciones fundamentales, estaban, y en este orden, el paro, la insatisfacción política, el funcionamiento de la política, y, por último, la relación entre Cataluña y España. En resumen: la película titulada “Independence Day” quizá no sea lo que quieran ver los catalanes .

 

¿Significa esto que los catalanes se han envuelto, al estilo Pedro Sánchez, con la bandera de España? Probablemente no, pues el CEO también afirma que la mayoría de los catalanes (37,6%) apuesta por un modelo de estado independiente frente a aquellos que quieren seguir siendo una Comunidad Autónoma (29,3%).

 

En este maremágnum, donde la división entre las fuerzas independentistas no suma, sino que resta, …¿Qué papel podría adoptar Unió Democrática? ¿Hay espacio para un nuevo género cinematográfico? Puede ser; y es el del del sentido común (seny); quizá más aburrido y lento, pero que tiene un aire “vintage” y, por qué no, atractivo para las épocas que corren: guión que exige mayor labor de documentación, de entrevistas, de creatividad, pero que puede dar no para una sola película, sino para una serie, una saga y diferentes capítulos con final feliz.

 

El famoso “seny” catalán se ha quedado huérfano…en Cataluña; se ha desplazado al País Vasco, donde el PNV, aparcando el discurso soberanista, tendiendo lazos y puentes con partidos “constitucionalistas”, ha conseguido el poder con mayúsculas en los tres Territorios, además de alzarse con la victoria en Navarra. Y no lo ha hecho con guerras ni frentes; ni películas bélicas. Lo ha hecho en silencio, escuchando a lo que pedía el pueblo; pero no por ello ha perdido su esencia. El PNV sigue siendo nacionalista, así lo marca su ADN. Pero ha sabido identificar el sentir de la ciudadanía; una población hastiada de la política de frentes y ansiosa por trascender el discurso soberanista para hablar de políticas de empleo, vivienda, sanidad y educación; un discurso moderado, sin grandes alardes ni fuegos de artificio. Y reitero; no por ello ha dejado de ser nacionalista, soberanista y por ende, nacionalista.

Euskadi no es Cataluña. Pero UDC tiene un amplio terreno por explorar y oportunidades por explotar: las relaciones y la capacidad de interlocución de Duran en Madrid no genera el rechazo que podría provocar Artur Mas o, en su defecto, el líder que avale el independentismo. La frialdad que puede sentir UDC en otoño, puede ser la antesala de la calidez primaveral que podría llegar de los pactos y alianzas con partidos constitucionalistas que estén abiertos a dialogar y, por qué no, repensar el sistema de financiación; hoy es el día en el que Cristina Cifuentes ha hecho alguna declaración al respecto y ha abierto las puertas a reformular el sistema. No olvidemos que Rajoy convocará elecciones para finales de año. Necesita socios y aliados. Unió puede ser uno de ellos, pero para ello tendrá que definir bien su relato; su mensaje. Queda poco tiempo, pero el suficiente para dar a conocer, por qué no, un nuevo género.

Si quiere resurgir, Unió ha de aparecer allí donde no se le espera. Y ese lugar puede ser Madrid; su influencia en Madrid, y, por ende, con final feliz para Cataluña.

 

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