El desprecio de Pablo Iglesias a IU: ¿Chulería o estrategia?

Izquierda Unida y Podemos: una novela de amor, o desamor; desamor entre formaciones, amor entre protagonistas. La coalición de izquierdas, corteja sin cesar al partido morado. Este, sin embargo, lo rechaza, lo caricaturiza y lo desprecia. Podemos no quiere oír hablar de matrimonios de “unidad popular”, ni de “confluencias ciudadanas”. El partido liderado por Pablo Iglesias quiere ser quien elija la pareja tras las elecciones de diciembre. ¿Cuál es la razón que se esconde detrás de esta decisión? ¿Por qué ha apostado por ir en candidaturas de unidad popular (y con éxito) en ciertas comunidades y se resiste a ello para las generales?

A diferencia de Izquierda Unida, Podemos es una formación que ha salido a “ganar” el partido. Sus representantes lo repiten una y otra vez; no hay más que ver y leer sus intervenciones; el concepto “ganar”, al igual que “casta” y otros significantes, han conseguido instalar un discurso alternativo en la sociedad. Quieren ser la alternativa al Partido Popular. No aspiran a ser el partido bisagra ni la muletilla que sirva de bastón al PSOE de Pedro Sánchez, sino que trabajan para ser ellos quienes puedan elegir con quién “casarse” tras los comicios.

En ese cortejo de declaraciones, donde Alberto Garzón y parte de la sociología de izquierdas de España se arrodilla ante el partido de los círculos, Errejón, Pablo Iglesias y compañeros, declinan una y otra vez la proposición; no solo la declinan, sino que la menosprecian, hablando de “pitufos gruñones”, “sopa de siglas” y “mochilas”. Según los astros, la compatibilidad entre ambas formaciones (unidas a Equo, Compromis, ICV y mareas) es elevada, pero hay algo, una barrera que impide que surja el amor y que solo puedan llegar a ser “amigos”. Pero… pudiendo ser “amigos”, ¿por qué el desprecio y menosprecio? ¿Por qué la caricaturización?

No cabe duda de que Podemos y su cúpula no da puntada sin hilo. Cada palabra, cada comparecencia y cada tuit está medido al milímetro. Su estrategia, reflexionada, analizada y estudiada para aplicarla sin salirse del guión. Y también en este caso. Las palabras de Pablo Iglesias llamando “pitufo gruñón” a Izquierda Unida consiguen evocar en el electorado una imagen concreta y poco atractiva; se trata, para empezar de alguien “pequeño”, y, en consecuencia, con poco poder de influencia; además, es “gruñón”, adjetivo que se define como “persona que emite con mucha frecuencia gruñidos o sonidos no articulados o palabras murmuradas entre dientes que expresan enfado o desagrado”: ¿quién quiere votar a alguien enfadado e indignado? La ciudadanía quiere y busca soluciones. No solo en política, sino en su vida cotidiana. No se trata solo de “gruñir” y “quejarse” por lo que no hace el adversario, sino de ofertar un producto ilusionante. Podemos, en este sentido, acierta incluso en el nombre: engloba a un “nosotros” que está indignado (igual que el “Pitufo Gruñón”), frente a la “casta”. Sin embargo, a diferencia de la candidatura de unidad popular indignada, Podemos, afirma, desde su ADN y eslogan, que “sí se puede” hacer frente y dar soluciones a este enfado.

Pitufo gruñon

“Sopa de siglas” es otra de las definiciones que se ha utilizado por parte de los dirigentes del partido de los círculos para negar la invitación de Izquierda Unida. Al igual que el “pitufo gruñón” evoca imágenes poco alentadoras, una “sopa de siglas” se percibe por parte del electorado como algo difuso, confuso e indeterminado. “¿Qué estoy votando?” se pregunta el elector. La comunicación de los partidos ha de ser clara y obvia, pues no tenemos tiempo que perder. Vivimos a golpe de titulares y la hegemonía de los 140 caracteres; probablemente, esa “sopa de siglas”, rebose el límite impuesto por Twitter para cada mensaje. Tal y como afirma Trout en su libro “En busca de lo obvio”, los seres humanos buscamos simplicidad y claridad. Un discurso, un relato y una historia en la que encontremos al héroe y al villano y las herramientas con las que luchar ante el mismo. Podemos ha identificado a su villano; tiene contra quién luchar y tiene a su héroe, encarnado en Pablo Iglesias. Si alguien quiere sumarse a su familia, le dará la bienvenida, y estará dispuesto a ser su amigo (de ahí el ofrecimiento realizado a Alberto Garzón – no a IU- para que se sumara a Podemos), pero no se casará con nadie que no sea de su “casta”; la “casta” de los círculos de Podemos.

En definitiva, el rechazo, menosprecio y caricaturización de Podemos a IU no se debe, a mi juicio, a cuestiones de arrogancia ni resentimiento de Pablo Iglesias; se trata de una estrategia calculada que trata de atraer al posible votante de IU o de las candidaturas de unidad popular hacia el voto útil que puede simbolizar el partido morado. Un partido que trata de hacer ver al electorado que la papeleta de IU no es útil, pues es “pitufa”, “borrosa”, y, además, “gruñona”, mientras que la suya podrá hacer frente al gigante bipartidista, con un líder avalado por su familia; una familia con apellidos definidos y un programa, también, claro; ¿por qué? Porque “sí se puede” (o eso dicen).

 

 

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