¿Cuándo aceptar acudir a un debate electoral?

A un mes de que se celebren las elecciones, las maquinarias electorales de los partidos están trabajando contrarreloj para conseguir sus objetivos; mantener sus votantes fieles, evitar la fuga a los partidos emergentes, desactivar a los contrarios…

En toda la estrategia comunicativa, la decisión sobre acudir o no a los debates suele ser trascendental. ¿Hay que acudir siempre? ¿ A todos? ¿Por qué? A continuación se ofrece alguna pincelada sobre las variables a tener en cuenta antes de tomar decisiones sobre esta cuestión.

–       El efecto multiplicador que tiene el debate: tal y como afirma Benjamín Marín, “los debates concentran niveles de audiencia mucho más elevado que cualquier otro elemento de campaña (…) desde que se produce la noticia de que hay o no debate, el efecto cascada es inmediato (…) Después crear corrientes de opinión respeto a quién de los contendientes ha ganado el debate”. El titular en los medios no es la propuesta concreta, sino quién ha ganado/perdido el debate. También es recalcable que algo que durante el debate el espectador ha pasado por alto, puede ser noticia como consecuencia del visionado posterior por parte de los periodistas; y no nos olvidemos que generalmente son los errores los que se suelen poner de relevancia.

–       Cuándo interesa debatir: generalmente se suele hacer cuando se está en desventaja (cuando se es líder de la oposición o candidato de un nuevo partido o partido minoritario). Como aconseja Del Rey Morató, consiste en “exigir al adversario que baje a la arena, que dé la cara”. En este sentido, llama la atención que el candidato del PNV a la Diputación Foral de Gipuzkoa, Markel Olano, haya rechazado ir a los debates organizados y promovidos por la actual coalición de gobierno, EhBildu. Si bien no ha puesto objeciones a acudir a los organizados por otros entes públicos o instituciones, se ha negado a participar en estos.  En un momento en el que los sondeos le dan un empate técnico en Gipuzkoa a ambos partidos (29,5% frente al 27,5%)  es difícil comprender las razones que subyacen; y más teniendo en cuenta que el resto de candidatos sí acudirán, como son Denis Itxaso (PSE-EE) y Juan Carlos Cano (PP). Se hubiese entendido si los asesores de campaña hubiesen decidido ir a todos o ninguno, valorando otros aspectos más allá de las encuestas.

 –       Si eres poco conocid@ también es interesante acudir y retar. A raíz de ello, y como ejemplo, esta vez, también sorprendente, tenemos el reciente rechazo de la candidata de Podemos Andalucía a participar en un debate en Canal Sur. Teresa Rodríguez adujo razones de agenda para no acudir al debate.  Si bien la marca Podemos posteriormente obtuvo grandes resultados, nunca sabremos si esto se debe a la candidata y su carisma (como pudo ocurrir con Susana Díez) o a los atributos de la propia formación de Pablo Iglesias.

–       En cualquier  caso, lo más importante para aceptar o no un debate no son ni las encuestas, ni el conocimiento de la opinión pública. Lo que realmente importa son las  habilidades retóricas y la telegenia del candidat@; esa capacidad para contestar de manera concisa cuando te hacen una pregunta y sabes la respuesta; esa habilidad para cambiar de marco o frame cuando no te interesa entrar a debatir sobre cierta cuestión, y esa capacidad para gestionar la comunicación no verbal; intentando evitar la agresividad, controlando la impulsividad y los gestos de rechazo.  Y, por supuesto, todo ello, teniendo en cuenta a tu audiencia; que no es otra que la ciudadanía.  Una cosa es tratar de demostrar conocimientos y sabiduría; otra, muy distinta, utilizar un lenguaje ininteligible para tus electores. El ciudadano quiere representantes con conocimientos, pero con los que se pueda dialogar; no personalidades que no empaticen con el sentir de la calle.

 

«Piensa como piensan los sabios, mas habla como habla la gente sencilla»

ARISTÓTELES 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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